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Nuestra magia interior…

By Mercedes Cano

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¿Qué pasaría si al despertar encontraras a los pies de tu cama un Hada Madrina con una varita mágica?

Imagina por un instante que eso ha sucedido y que se te ha concedido la gracia de utilizar esa varita mágica para cambiar tu vida y hacer que sea exactamente como a ti te gustaría.

¿Qué cambiarías? ¿Qué conservarías? ¿Qué persona serías tú en esa vida ideal? ¿Cómo te comportarías? ¿Cómo se comportarían contigo los que te rodean?

No, lamentablemente no tenemos esa varita mágica y tampoco la dirección de tu Hada Madrina, pero no hace falta, porque ese poder ilimitado que la magia tiene, lo tenemos ya dentro de nosotr@s.

Dentro de nosotr@s, existe una inmensa capacidad para hacer que las cosas sean exactamente como queremos, para conducir nuestra vida y nuestro destino exactamente hacia el punto en que nos gustaría estar. ¿Qué es lo que hace entonces que vivamos una existencia anodina, molesta o incluso ciertamente infeliz? ¿Qué nos lleva a dejar que las circunstancias o los intereses de los demás nos desvíen tanto de lo que nos gustaría que fuera nuestra vida?

La mayor parte de las veces, el problema está en que ni siquiera nos tomamos el tiempo necesario para pensar cuál es nuestro objetivo, hacia donde queremos ir, a qué punto de destino queremos orientar nuestra vida. Simplemente nos dejamos llevar, seguimos el rumbo que las circunstancias o lo demás nos marcan y aunque nos encontramos a disgusto, como si calzáramos unos zapatos que no son de nuestra medida, seguimos caminando, sintiendo a cada paso que damos, esa incomodidad a la que ya nos hemos acostumbrado y con la que convivimos.

Pero cada día cuando nos vamos a acostar, sentimos el cansancio y la pesadez que produce funcionar así, y cada mañana, cuando vamos a calzarnos nuevamente esos zapatos que no se ajustan a nuestro pie, hacemos el esfuerzo para no pensar que las cosas, tal vez, podrían ser de otra manera.

Entramos así en nuestra zona de confort, que no tiene nada que ver con estar cómod@ o confortable, sino con el no sentir la necesidad de pensar ni plantearnos retos. No tener que cuestionarnos si esa manera en que estamos haciendo las cosas es la única posible. Porque cambiar, requiere esfuerzo y a veces una gran dosis de valentía.

Curiosamente, es necesaria una gran inversión en energía para avanzar por un camino lleno de baches y escollos, en el que caminar se hace duro, pesado y nada motivador, pero solemos preferir esa opción a la de explorar otros caminos desconocido.

Entramos así en un terrible bucle que nos desconecta de quienes somos o queremos ser para convertirnos en quienes se espera que seamos.

Si hemos llegado al incómodo punto de cuestionarnos cómo estamos viviendo, ya estamos de enhorabuena, por contradictorio que parezca.

No es posible actuar sobre aquello que no tenemos conciencia, pero una vez hecha la toma de conciencia, se abre un mundo de posibilidades de elegir cómo queremos seguir avanzando.

Soltar aquello que no te sirve y elegir en cambio lo que te potencia y te acerca a tu objetivo, tomar las riendas de tu existencia y decidir dejar de permitir que sean otras personas con sus ideas y sus creencias los que condicionen como la vives, está en tus manos.

Puede que no sea nada fácil, pero el resultado podría llevarte a un lugar mágico y maravilloso…

¿Quieres hacerlo?

Para concluir, como reflexión aquí dejo la maravillosa Declaración de Autoestima de Virginia Satir.
Yo soy yo.

En todo el mundo no existe nadie
exactamente igual a mí.
Hay personas que tienen aspectos míos,
pero en ninguna forma el mismo conjunto mío.
Por consiguiente, todo lo que sale de mí es auténticamente mío
porque yo sola lo elegí.
Todo lo mío me pertenece: mi cuerpo,
todo lo que hace;
mi mente, con todos sus pensamientos e ideas;
mis ojos, incluyendo todas las imágenes que perciben;
mis sentimientos, cualesquiera que sean: ira, alegría,
frustración, amor, decepción, emoción;
mi boca, y todas las palabras que de ella salen, refinadas, dulces, o cortantes,
correctas o incorrectas;
mi voz, fuerte o suave,

y todas mis acciones, sean para otros
o para mí.
Soy dueña de mis fantasías,
mis sueños,
mis esperanzas,
mis temores.
Son míos mis triunfos y mis éxitos,
todos mis fracasos y errores.
Puesto que todo lo mío me pertenece,
puedo llegar a conocerme íntimamente.
Al hacerlo, puedo llegar a quererme
y sentir amistad hacia todas mis partes.
Puedo hacer factible
que todo lo que me concierne funcione
para mis mejores intereses.
Sé que tengo aspectos que me desconciertan
y otros que desconozco.
Pero mientras yo me estime y me quiera,
puedo buscar con valor y optimismo soluciones para las incógnitas
e ir descubriéndome cada vez más.
Como quiera que parezca y suene,
diga y haga lo que sea,
piense y sienta en un momento dado,
todo es parte de mi ser.
Esto es real y representa el lugar que ocupo en ese momento del tiempo.
A la hora de un examen de conciencia, respecto de lo que he dicho y hecho,
de lo que he pensado y sentido,
algunas cosas resultarán inadecuadas.
Pero puedo descartar lo inapropiado,
conservar lo bueno
e inventar algo nuevo
que supla lo descartado.
Puedo ver, oír, sentir, decir, y hacer.
Tengo los medios para sobrevivir,
para acercarme a los demás,
para ser productiva
y para lograr darle sentido y
orden al mundo de personas y
cosas que me rodean.
Me pertenezco y así puedo estructurarme.
Yo soy yo y estoy bien.

 

© Virginia Satir, 1975.

 

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