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El corazón tiene razones…

By Mercedes Cano

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Cuando pregunto a mis clientes cuál es el objetivo que quieren trabajar en su sesión, en un porcentaje muy elevado de ocasiones, la respuesta suele estar relacionada con querer estar mejor o querer ser más feliz.

Al tratar de concretar el objetivo a través de preguntas como ¿Qué estará pasando en tu vida cuando lo hayas conseguido? O ¿Cómo sabrás que lo has logrado? ¿Qué sentimientos experimentarás? ,¿Qué estarás haciendo?,  las respuestas aunque muy variadas, tienen en gran cantidad de casos, estos elementos en común; estaré en armonía, sentiré paz, me sentirse a gusto conmigo…

Y ¿cómo conseguimos alcanzar esa paz, ese estado de coherencia con quienes somos?

Hay dos pasos imprescindibles a dar para avanzar en ese camino: Escucharnos y querernos.

Conocernos, saber cómo funcionamos, qué nos mueve, cuáles son nuestras fortalezas y debilidades y una vez realizado el ejercicio de escucha interior, abrazar con amor la persona que somos, con sus luces y sus sombras, es imprescindible para alcanzar la paz interior.

Cuando pido a mis clientes que imaginen una situación en la que alguien querido, amigo, familiar incluso conocido o compañero de trabajo, les dice que hay algo que ha hecho mal, algo en lo que se ha equivocado y que le está haciendo sentir fatal, incapaz, asustado, frustrado y les pregunto cómo reaccionarían, tod@s sin excepción contestan que tratarían de dar cariño a esa persona que lo está pasando mal y hacerle ver que aunque en ese momento se sienta pequeñ@ e incapaz, no es así como le ven. Tod@s sin excepción le hablarían con palabras amables que le hicieran más fácil superar el mal momento.

Sin embargo, cuando se trata de nosotr@s mism@s, el discurso que nos dirigimos es como poco de censura, de impaciencia frente a nuestras debilidades, de dureza cuando no incluso plagado de los peores insultos que se pueda imaginar.

Y lo que no estamos teniendo en cuenta al actuar así es que, como se ha demostrado en diversos estudios clínicos, un minuto manteniendo un pensamiento negativo, deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas. Y ese discurso mantenido en el tiempo que da lugar al estrés, esa sensación de agobio permanente, produce cambios muy sorprendentes en el funcionamiento del cerebro y en nuestro sistema hormonal.

Hay efectos que se notan de manera inmediata y de hecho, en muchas ocasiones, cuando pregunto a los clientes qué sienten al actuar así y dónde lo sienten, comentan que sienten una presión en el pecho o en el estómago o un gran ahogo en la garganta.

Es como si nuestro corazón nos mandara señales de que no es así como queremos actuar o reaccionar, como si dentro de nuestras entrañas, alguna alarma se encendiera.

Pues bien, recientes investigaciones científicas sugieren de hecho que la conciencia emerge del cerebro y del cuerpo actuando juntos. Que el corazón juega un papel particularmente significante en este proceso. El corazón es reconocido actualmente por los científicos como un sistema altamente complejo, con su propio y funcional sistema neuronal.

El corazón envía más información al cerebro de la que recibe, es el único órgano del cuerpo con esa propiedad, y puede inhibir o activar determinadas partes del cerebro según las circunstancias. Puede influir en nuestra percepción de la realidad y por tanto en nuestras reacciones. Su papel en la información bioquímica es también fundamental ya que es el corazón el que produce la hormona ANF, la que asegura el equilibrio general del cuerpo: la homeostasis. Uno de sus efectos es inhibir la producción de la hormona del estrés y producir y liberar oxitocina, a la que se conoce como hormona del amor.

El corazón además se comunica mediante ondas de presión. Parece demostrado que a través del ritmo cardiaco y sus variaciones, el corazón envía mensajes al cerebro y al resto del cuerpo y existe además una comunicación energética: el campo electromagnético del corazón es el más potente de todos los órganos del cuerpo, 5.000 veces más intenso que el del cerebro. Y se ha observado que cambia en función del estado emocional. Cuando tenemos miedo, frustración o estrés se vuelve caótico.

Se sabe que el campo magnético del corazón se extiende alrededor del cuerpo entre dos y cuatro metros, es decir, que todos los que nos rodean reciben la información energética contenida en nuestro corazón.

Habría dos clases de variación de la frecuencia cardiaca: Una es armoniosa, de ondas amplias y regulares y es la que aparece cuando la persona tiene emociones y pensamientos positivos, elevados y generosos. La otra es desordenada, con ondas incoherentes y aparece con el miedo, la ira o la desconfianza.

Parece demostrado además que las ondas cerebrales se sincronizan con estas variaciones del ritmo cardiaco; es decir, que el corazón arrastra a la cabeza.

Cuando el ser humano utiliza el cerebro del corazón crea un estado de coherencia biológico, todo se armoniza y funciona correctamente, es una inteligencia superior que se activa a través de las emociones positivas.

Es un potencial no activado pero que podemos aprender a usar cultivando las cualidades del corazón: la apertura hacia el prójimo, el escuchar, la paciencia, la cooperación, la aceptación de las diferencias, la valentía. Es, en esencia, poner en práctica pensamientos y emociones positivas. Liberarse del miedo, el deseo y el ansia de dominación, mecanismos que están anclados profundamente en el ser humano porque nos han servido para sobrevivir millones de años.

Si aprendemos a conocernos, observando nuestros pensamientos y emociones sin juzgarlos, y escogiendo las emociones que nos pueden hacer sentir bien, podremos llegar a aprender a confiar en nuestra intuición y reconocer que el verdadero origen de nuestras reacciones emocionales no está en lo que ocurre en el exterior, sino en nuestro interior.

No solo las personas más espirituales, sino también los científicos recomiendan cultivar el silencio, contactar con la naturaleza, aprender a disfrutar de estar a solas con nosotr@s mism@s, meditar, contemplar, cuidar nuestras compañías, nuestro entorno vibratorio, hacer actividades en grupo, apreciar las cosas sencillas.

Aprender a perdonarnos, a querernos y abrazar nuestras luces y sombras y siempre, hablarnos con amor y positividad. Aprendiendo cosas nuevas y teniendo la valentía de desaprender aquellas que ya no nos sirven. Creyendo en nosotr@s y en nuestra capacidad para salir adelante, porque, como dice el maestro Mario Alonso Puig, está demostrado que una persona ilusionada, motivada y comprometida y que confía en si misma puede ir mucho más allá de lo que se podría esperar.

No se trata de verlo todo de color de rosa sino de aplicar estos sabios principios tan bien enunciados por el maestro de la escritura Ruyard Kipling:

Si por fin te has dado cuenta que la vida no es  como te dijeron que sería, que no va a cumplir con tus expectativas y que las personas que te rodean no son ni harán lo que esperas, te invito a cambiar el método, deja de pensar en lo que los demás no hacen, en lo que no pasa fuera y ¡empieza a trabajar en lo que tú puedes hacer!

Nos pasamos buena parte de la vida tratando de modificar lo que nos rodea, creyendo que si “eso, él/ella, ello” cambia,  por fin seremos felices. Nada más lejos de la realidad. Habrás comprobado que el esfuerzo te consume y no obtienes ningún resultado.

Si piensas que estás vencido, lo estás.
Si piensas que no te atreves, no lo harás.
Si piensas que te gustaría ganar pero no puedes, no lo lograrás.
Si piensas que perderás, ya has perdido, porque en el mundo encontrarás que el éxito comienza con la voluntad del hombre.
Todo está en el estado mental.

Porque muchas carreras se han perdido antes de haberse corrido,
y muchos cobardes han fracasado, antes de haber su trabajo empezado.
Piensa en grande y tus hechos crecerán.
Piensa en pequeño y quedarás atrás.
Piensa que puedes y podrás.
Todo está en el estado mental.
Si piensas que estás aventajado, lo estás. Tienes que pensar bien para elevarte.

Tienes que estar seguro de ti mismo, antes de intentar ganar un premio.
La batalla de la vida no siempre la gana el hombre más fuerte, o el más ligero,
porque tarde o temprano, el hombre que gana, es aquél que cree poder hacerlo.

-Rudyard Kipling –

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1 Thought to El corazón tiene razones…

  1. Sr WordPress Responder 5 mayo, 2015 at 12:21 pm

    Hola, esto es un comentario.
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